Túnez, próxima «provincia» objetivo de Daesh

Un Irak dividido sectaria y políticamente, así como el caos tras las intervenciones internacionales, conformaron la tormenta perfecta para el nacimiento del entonces conocido como «Estado Islámico del Levante». Este grupo terrorista pronto supo extenderse a una Siria inmersa en una guerra civil. Como un vertido de petróleo, los yihadistas de Daesh (pronto se quitaron lo de «Irak y Siria», que marcaba unos límites geográficos en su propaganda) se extendieron en estos dos países hasta controlar grandes áreas que incluían ciudades como Mosul o Raqqa. A diferencia de Al Qaida, la expansión física es parte de la estrategia de Daesh, como reza su lema «baqiya wa ttamaddad»: «permanecer y expandirse». Ante su fuerza arrolladora y la popularidad mundial entre elementos ya radicales, grupos yihadistas fueron jurando lealtad a la cabeza sirio-iraquí, fundando «provincias» más o menos establecidas. Desde Wilayat Sina en Egipto a Boko Haram en Nigeria, pasando por afiliados indonesios como Jamaah Ansar Khilalaf Daulah Nusantara o la filial Libia de Daesh.

En este afán expansionista, Túnez es probablemente la siguiente pieza de dominó en riesgo de caer y convertirse en provincia del autodenominado Estado Islámico. El pasado 7 de marzo, un comando de más de cincuenta yihadistas cruzó desde la frontera libia y atacó la localidad de Ben Guerdane. Según ha declarado el primer ministro tunecino, Habib Essid, los yihadistas -la mayoría de nacionalidad tunecina- pretendían hacerse con el control de la ciudad y establecer un emirato en el pequeño país norteafricano, desestabilizando el todavía precario experimento democrático tunecino, considerado como el único «éxito» de las revoluciones árabes de 2011.

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Rusos y egipcios llenan de flores su embajada en El Cairo

Mientras que ayer las puertas de la embajada rusa en El Cairo permanecieron cerradas y solo se atisbaba la agitación que bullía en su interior por la presencia de seis o siete coches diplomáticos en la entrada, hoy se ha llenado de flores conmemorando el accidente de avión en el que han muerto 224 personas, la mayoría de ellos, turistas rusos, sobre el Sinaí egipcio.

Diplomáticos como el primer ministro egipcio, Sherif Ismail el mismo sábado, o los embajadores de Alemania, Afganistán, Vietnam, Hungría, Bielorrusia o Armenia esta mañana, entre otros, se han acercado a la embajada rusa para expresar sus condolencias. En la calle, un flujo constante de nacionales rusos, especialmente mujeres, ha ido dejando flores y mensajes junto al muro exterior, conmemorando a las víctimas del vuelo 7K92268. Las rusas destacan, con sus ojos claros, pelo rubio e inconfundibles rasgos, entre los locales que también se han acercado a depositar ramos de flores. La relación entre Egipto y Rusia ha sido, en las últimas generaciones, muy cercana, y los rusos representan el mayor número de turistas en el país de los faraones, pero también representan una de las mayores comunidades de expatriados.

Algunas rusas se abrazan. Otras lloran en silencio. Muchas llevan gafas de sol que ocultan sus ojos. Ha sido un duro golpe. «Yo me levanté ayer y, como cada día, miré el grupo de rusos que tenemos en Facebook. Allí me enteré. Luego estuve todo el día mirando la tele, con la esperanza de saber más, de saber si había supervivientes… al final no los hubo», relata a ABC Jenya Zaki, una siberiana que se ha acercado a la embajada cairota desde Heliópolis, a más de una hora en coche. Viene con su hijo, que con apenas un año no comprende nada e intenta alcanzar los peluches que alguien ha dejado como memorial a las víctimas. De los 217 pasajeros, más de diez eran niños. La mayoría de los que han muerto eran familias rusas que viajaban para pasar sus vacaciones en el Mar Rojo, típico destino turístico.

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La larga espera para poder enterrar a los muertos de Garissa

Las carpas instaladas junto a la morgue de la Universidad de Nairobi acogen a decenas de familiares de las víctimas del peor atentado de Al Shabab en Kenia, y se han convertido en centro de peregrinación para políticos, religiosos y organizaciones sociales. Pero las familias, sentadas, solo esperan a sus muertos.

Todavía quedan al menos 30 cadáveres por identificar de los 142 que se recuperaron en la arrasada universidad de Garissa, donde el pasado jueves entraron varios asaltantes de la milicia yihadista somalí Al Shabab y asesinaron a 148 personas, el segundo peor atentado de la historia de este país.

Muchos llevan allí desde ese mismo día, rodeados por voluntarios de la Cruz Roja, Cáritas, coros de monjas de la archidiócesis de Nairobi, voluntarios de distintos partidos políticos y funcionarios del Gobierno que van y vienen.

Jonh Mika Okodoy, padre de Obeddy, espera a que le devuelvan el cuerpo de su hijo -“el más inteligente de los cuatro”- para poder enterrarlo en su condado, Trans-Nzoia, en el norte del país.

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El coste oculto de la guerra estadounidense contra Al Shabab

Alicia Alamillos y Muktar Abdi / Mogadiscio-Nairobi

Desde los atentados del 11-S, el Gobierno estadounidense ha aumentado los controles de las transferencias monetarias a países donde operan grupos terroristas para evitar su financiación, algo que afecta notablemente a las economías domésticas de naciones como Somalia.

En febrero, el banco Merchants -que computa cerca del 80 % del volumen de remesas de EEUU a Somalia- cerró todas las cuentas de transferencia a ese país porque su negocio era «demasiado complejo» para plegarse a las regulaciones de seguridad y detectar «potenciales violaciones de la ley».

El miedo a fuertes sanciones ha fomentado que, una tras otra, todas las entidades financieras estadounidenses cerraran el flujo de remesas a Somalia, donde opera la milicia yihadista Al Shabab, brazo armado de Al Qaida en el cuerno de África y responsable de la muerte de miles de personas.

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“Todo vale” contra el terrorismo

“Todo vale” contra el terrorismo en países como Nigeria y Kenia. Violencia contra violencia, el Estado responde a los atentados con arrestos indiscriminados e ilegales, ejecuciones extrajudiciales o incluso torturas, dejando a un lado los derechos humanos.

“Estamos viendo una tendencia a que ‘todo vale’ en nombre del antiterrorismo”, advirtió esta semana la directora para África de Human Rights Watch (HRW), Leslie Lefkow.

Kenia, Nigeria, Sudán y Sudán del Sur, Etiopía y Somalia son los países donde más abusos se cometen en nombre de la lucha contra el terrorismo en África subsahariana, según el informe anual de esta organización.

“La violencia contra la violencia no es efectiva” y sólo “genera frustración en la comunidad que está siendo acosada y perseguida”, remarcó Lefkow.

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El terrorismo se cobró casi 18.000 vidas en 2013, un 61 % más que en 2012

Los ataques terroristas se cobraron las vidas de 17.958 personas en 2013, lo que significó un aumento del 61 % con respecto al año anterior (11.133), según recoge un estudio publicado este mes.
El Índice de Terrorismo Global, elaborado por el Instituto de Economía y Paz (IEP por sus siglas en inglés), señala que las víctimas de ataques terroristas han aumentado más de cinco veces desde el 2.000, pasando desde las 3.361 a las 17.958 del último año.
En este mismo periodo, el número de países que han sufrido más de cincuenta muertes en atentados terroristas ha crecido de quince a veinticuatro.
Sin embargo, en 2013 sólo cinco países concentran el 80 % de las víctimas del terror: Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria.
No todos los atentados fueron reivindicados, pero el 66 % de los que sí, fueron perpetrados por cuatro organizaciones terroristas: El Estado Islámico de Irak y Levante, Boko Haram, los Talibanes y Al Qaida y sus filiales.
Todos estos grupos sostienen interpretaciones extremistas del islám wahabí, en un marcado cambio de tendencia con la década anterior al 2000, donde la mayoría de las víctimas provenían de atentados de grupos nacionalistas o de ideología política. Sigue leyendo

Lady Al Qaida, la mujer terrorista por la que el Estado Islámico estaba dispuesto a entregar a Foley

Aafia Siddiqui, que cumple condena por intentar matar soldados americanos en Afganistán, es la terrorista por la que más grupos yihadistas distintos han negociado la liberación

Alicia Alamillos/

El «Estado Islámico» exige su liberación a cambio de la vida del periodista americano Foley. Los talibanes se ofrecen a intercambiarla por por el soldado americano Bergdahl. Las Brigadas Mulazim (relacionadas con Al Qaida) atacan una planta de gas argelina, toman como rehenes a los trabajadores y amenazan con matarlos si Estados Unidos no la libera. «Lady Al Qaida», el sobrenombre de Aafia Siddiqui, es la mujer más deseada por los grupos terroristas. Todos ellos quieren liberar a una de las terroristas islámicas más famosas, que una vez estuvo en la lista de los más buscados del FBI.

En todas esas ocasiones, el presidente de Estados Unidos Barack Obamase negó a liberar a Siddiqui, que cumple condena de 86 años en una prisión de Texas por intento de asesinato, por la «planificación de un ataque con víctimas y en masa». La mujer de 42 años, que fue detenida en 2010 en Afganistán, pretendía matar soldados americanos desplegados en el país. En su bolso, dos libras de cianuro, altamente venenoso, pero también planos de lugares emblemáticos de Estados Unidos como Wall Street, el Empire State Building, el puente de Brooklyn, la Estatua de la Libertad y el sistema de metro, como posibles objetivos para cometer atentados.

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