Una colecta para la sirena libia

Daniah Hagul, gorro de baño en mano, ha logrado convertirse en la única representante femenina libia en los Juegos Olímpicos de Río, y la primera mujer desde la caída de Gadafi. Competirá en la disciplina de 100 metros braza gracias a su talento, más de dos horas de entrenamiento diario, el apoyo de sus padres y a una campaña de «crowdfunding» que le ha permitido llevar la bandera roja, negra y verde hasta Brasil.

Esta «sirena» de 17 años se entrena desde niña en las piscinas de Malta, adonde emigraron sus padres en los años 90. En un país como Libia, de mayoría musulmana, que una mujer lleve bañador puede ser un acto de rebeldía. Sin embargo, desde los cuatro años con los que aprendió a nadar, hasta los 12 con los que empezó a entrenar profesionalmente, Daniah ha recibido el apoyo de sus padres en este «inusual» deporte para las jovencitas libias. Ante su potencial, Daniah ha seguido un intenso programa de entrenamiento en el internado británico Mount Kelly de la mano de Robin Brew, exolímpico, que hoy comparte orgulloso los primeros éxitos de su pupila. Daniah tiene ya en su haber tres oros, recogidos en los Campeonatos Internacionales de Natación de Catar en 2015. Antes, compitió con éxito en Kazán. Libia ha participado en al menos 10 Juegos Olímpicos, pero nunca ha ganado una medalla, excepto un honroso bronce en los Paralímpicos.

<Continúa leyendo>

Anuncios

Túnez, próxima «provincia» objetivo de Daesh

Un Irak dividido sectaria y políticamente, así como el caos tras las intervenciones internacionales, conformaron la tormenta perfecta para el nacimiento del entonces conocido como «Estado Islámico del Levante». Este grupo terrorista pronto supo extenderse a una Siria inmersa en una guerra civil. Como un vertido de petróleo, los yihadistas de Daesh (pronto se quitaron lo de «Irak y Siria», que marcaba unos límites geográficos en su propaganda) se extendieron en estos dos países hasta controlar grandes áreas que incluían ciudades como Mosul o Raqqa. A diferencia de Al Qaida, la expansión física es parte de la estrategia de Daesh, como reza su lema «baqiya wa ttamaddad»: «permanecer y expandirse». Ante su fuerza arrolladora y la popularidad mundial entre elementos ya radicales, grupos yihadistas fueron jurando lealtad a la cabeza sirio-iraquí, fundando «provincias» más o menos establecidas. Desde Wilayat Sina en Egipto a Boko Haram en Nigeria, pasando por afiliados indonesios como Jamaah Ansar Khilalaf Daulah Nusantara o la filial Libia de Daesh.

En este afán expansionista, Túnez es probablemente la siguiente pieza de dominó en riesgo de caer y convertirse en provincia del autodenominado Estado Islámico. El pasado 7 de marzo, un comando de más de cincuenta yihadistas cruzó desde la frontera libia y atacó la localidad de Ben Guerdane. Según ha declarado el primer ministro tunecino, Habib Essid, los yihadistas -la mayoría de nacionalidad tunecina- pretendían hacerse con el control de la ciudad y establecer un emirato en el pequeño país norteafricano, desestabilizando el todavía precario experimento democrático tunecino, considerado como el único «éxito» de las revoluciones árabes de 2011.

Continúa leyendo la noticia

El Daesh avanza en Libia con una ola de ataques contra instalaciones petrolíferas

Los yihadistas de Daesh (el autoproclamado Estado Islámico) en Libia han intensificado esta semana sus ataques contra plantas y objetivos petrolíferos en el país. Tres de los principales puertos libios y al menos otros dos complejos más pequeños han sido asaltados por los yihadistas con el objetivo de destruir las instalaciones petroleras y de gas. Ayer mismo se denunciaron ataques contra una explotación petrolífera entre las ciudades de Ghat y Ubari (suroeste), mientras que el portavoz de la Guardia de Instalaciones Petroleras ha confirmado a televisiones locales que tres botes cargados de milicianos del Daesh han intentado asaltar el puerto petrolero de Zueitina, aunque ha podido ser repelido. La semana pasada el Estado Islámico asaltó el complejo de Ras Lanuf (entre Zueitina y Sirtre), en un ataque que se prolongó durante tres días. La Corporación Nacional de Petróleo libia (NOC) ha anunciado que están vaciando de petróleo el complejo de Ras Lanuf, por miedo a nuevos ataques.

Las fotografías distribuidas tanto por la NASA como por el propio Daesh muestran enormes columnas de humo negro en la estación petrolífera de Es Sidra tras ser atacada también la semana pasada, a duras penas controlados por los escasos servicios de emergencia de la planta, cuyos guardias todavía hacen frente a la amenaza de repetidos ataques de los milicianos leales al Daesh. Al menos 4 buques de carga, con 19 tanques con capacidad de hasta 6,2 millones de barriles han sido destruidos, según informó CCN Arabic.

Aunque el control de las instalaciones petrolíferas ha sido objetivo de numerosos grupos terroristas en Oriente Medio y Norte de África, la estrategia del Daesh en Libia parece seguir más un afán destructor que de tomar posiciones para luego explotar económicamente ese «oro negro», como ha sucedido en la zona de Irak y Siria. La destrucción indiscriminada, especialmente tras la ola de ataques de esta última semana, acrecienta los temores de que Libia pierda su principal fuente de ingresos en medio de las negociaciones para establecer un Gobierno de unidad en el país. La pérdida de su principal fuente de ingresos desestabilizará al Gobierno resultante de los esfuerzos de mediación de la ONU y dificultará la salida hacia adelante del Estado libio.

Continúa leyendo el artículo

Esclavas africanas en Oriente Medio

Tras más de un año trabajando a cambio de un sueldo miserable y continuas vejaciones, Faith abandonó Libia y regresó a Kenia, donde, como cientos de mujeres empujadas por la pobreza y la falta de oportunidades, fue captada por las redes de trata que prometen un buen trabajo en Oriente Medio.

Aunque difícil de contabilizar, el Gobierno keniano estima que más de 100.000 trabajadores no cualificados han emigrado a la región del Golfo, muchos de ellos, mujeres para el servicio doméstico.

Continúa leyendo la noticia

La guerra de «todos contra todos» sume a Libia en el caos

Milicianos rivales continúan la lucha por el control del aeropuerto internacional de Trípoli, mientras que Bengasi es cercada por ataques que se han cobrado la vida de 38 personas

Alicia Alamillos

Los combates entre las milicias fieles a señores de la guerra tribales han llevado a Libia a una guerra de «todos contra todos» donde el gobierno oficial de Abdala Al Zani no logra controlar el país del mediterráneo. Los últimos combates en Bengasi (al este del país) entre el Ejército y milicianos acampados a las afueras de la ciudad se han saldado hasta el momento con 38 muertos, a los que hay que añadir las luchas por el control del aeropuerto internacional de Trípoli con unbalance de 97 muertos y más de 400 heridos.

Ante esta escalada en la violencia, gobiernos extranjeros como el de Estados Unidos han cerrado su embajada, mientras que España, Países Bajos, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia o Turquía han pedido a sus ciudadanos que abandonen el país, sumido en el caos por los combates entre milicias rivales. El gobierno interino de Abdala Al Zani no ha conseguido formalizar un ejército unitario y nacional tras la caída del régimen de Muamar Gadafi, por lo que los distintos grupos rebeldes -unidos en su momento para derrocar al dictador- se han escindido y luchan ahora por el poder, desoyendo en muchas ocasiones las directrices del gobierno central. Según observadores del país, Libia cuenta con 160.000 miembros de milicias armadas a los que el gobierno de Trípoli paga 1.000 dólares mensuales «para mantener el orden», aunque de hecho obedezcan a señores de la guerra locales o a intereses tribales.

Continúa leyendo la noticia