Un Parlamento a la medida de Al Sisi en Egipto

«Ni los partidos, ni el programa, ni los candidatos. En estas elecciones el que ha ganado ha sido Al Sisi». Tras unos comicios prolongados durante dos meses y con una escasísima participación, que no ha superado el 30%, los egipcios han elegido a los hombres y mujeres que conformarán su Parlamento, la mayoría de ellos favorables al actual presidente, Abdelfatah Al Sisi.

Según ha anunciado la Suprema Comisión Electoral hoy en rueda de prensa en El Cairo, candidatos de «Los Egipcios Libres», de corte económico liberal pero pro-Al Sisi, han acaparado 65 escaños, mientras que todos los escaños reservados a formaciones políticas (120) han quedado en manos de la coalición «Fi Hob Msr» (Por Amor a Egipto), que no oculta su apoyo al presidente, creando un Parlamento a la medida del exgeneral, sin presencia alguna de la Hermandad Musulmana, declarada grupo terrorista. Otros 316 han sido para diputados independientes, sin afiliación política declarada.

Con estas elecciones concluye la «hoja de ruta» marcada por los militares tras el Golpe de Estado que derrocó a Mohamed Morsi en 2013: «Elecciones presidenciales, Constitución y elecciones Parlamentarias».

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La soledad de las urnas egipcias: Los egipcios no acuden a votar su Parlamento

Egipto concluye este miércoles sus primeras elecciones al parlamentarias desde 2012, divididas en dos fases y marcadas por una escasísima participación y hastío electoral de los egipcios, que apenas se han acercado a los colegios que abren hoy sus puertas por última vez en 13 provincias del país, entre ellas El Cairo, Port Said o Sinaí Norte, bajo permanente estado de excepción.

El nuevo Parlamento, que sustituirá las dos Cámaras Legislativas creadas bajo el Gobierno del expresidente Mohamed Morsi, contará con 596 asientos, con sólo 120 reservados para partidos políticos, ganados ya en las rondas previas por la coalición «Fi Hob Misr» (Por Amor a Egipto), que no oculta su apoyo al presidente actual, Abdelfatah Al Sisi. El resto de los escaños serán repartidos entre candidatos independientes, una amalgama de caciques o personalidades locales, entre los que destacan los candidatos de los «Egipcios libres», de corte liberal.

El desconocimiento de los más de 2.500 candidatos –«cuando fui, dos mujeres me preguntaron que a quién había votado, ¡que ellas no sabían y querían votar lo mismo que yo!», relata a ABC una mujer de unos 30 años en El Cairo-, así como el hastío electoral o la desafección política y desesperanza en el sistema han resultado en unos bajísimos índices de participación. El mejor porcentaje en las rondas previas, que comenzaron en octubre, fue de tan sólo el 26%, según datos oficiales de la Comisión Electoral Egipcia.

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Hartazgo electoral en Egipto

Escasísima participación en las elecciones para conformar el Parlamento sin la Hermandad de Hermanos Musulmanes ni activistas

Especial descontento entre los jóvenes. La media de edad de los votantes, por encima de 50 años

En las calles del Cairo se empiezan ya a retirar los carteles y pancartas que desde el comienzo de la descafeinada campaña electoral han anunciado los numerosos partidos y candidatos que concurren. Más de 2.500 para 596 asientos en la Cámara de Representantes.

Cada aspirante, entre los que se encuentran partidarios de Al Sisi o caciques locales, cuenta con un símbolo que lo represente, y que van desde un león hasta un ojo de pupila azul, pasando por unos alicates, un halcón, una brújula -“para guiar a Egipto”- o los conocidos “caballos de Mubarak”, un recuerdo del viejo régimen, supuestamente acabado tras las multitudinarias protestas en Tahrir.

Es la tercera cita de los egipcios con las urnas en menos de dos años, y esta vez votan para elegir su Asamblea Legislativa, disuelta por orden judicial en 2012, un año antes del golpe de Estado que depuso a Mohamed Morsi y colocó al exgeneral Abdelfattah Sisi en el poder.

A las 9:00 de la mañana del domingo 18 de octubre abrieron los colegios electorales en catorce provincias egipcias, entre ellas las de Giza (parte del área metropolitano del Cairo) y Alejandría y las sureñas Luxor y Asuán. Pero el proceso continuará, en otras provincias y con segundas vueltas, hasta principios de diciembre. El Gobierno de Sisi ha desplegado más de 300.000 vigilantes, entre policías y militares, para proteger a los votantes. Sin embargo, en las primeras horas del domingo, los cairotas trabajaron como de costumbre, y muy pocos ostentaron una marca rosada de tinta en el dedo, señal de que habían votado.

“Tenía mejores cosas que hacer”, admite Rehab, de 32 años, quien no pretendía ir a votar. “Pero mi madre insistió, y al final fuimos juntas” cuenta la funcionaria, que aprovechó las horas libres que el Gobierno decretó el lunes para espolear la participación, dado que el domingo fue tan baja que ni siquiera los periódicos más leales al régimen la han podido maquillar como triunfo.

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Convoque elecciones, señora Barcina

Yolanda Barcina está en el momento perfecto para convocar elecciones. Las estrellas se han alineado, los signos proféticos se están cumpliendo, el reloj avanza. ¿Qué más señales quiere? Barcina se encarama al poder como un gato que clava las uñas en el sillón de la abuela. Debería convocar elecciones.

Gracias a un veto desde Ferraz, que cayó como jarro de agua fría sobre los militantes socialistas, y como helada sobre el resto de la oposición, que esperaban esa moción de censura apoyada por el PSN, Barcina ha salido airosa del trance de las supuestas injerencias en la Hacienda Foral.

Yolanda Barcina encabeza un partido político por el que votan 111.474 ciudadanos navarros. Un 34,5 de los votantes, y 19 escaños en un Parlamento de 50 sillas. Es decir, si se obvia al PP, que suele coincidir más con UPN que con el resto de la oposición, hay 27 votos en contra de todo lo que propone el Ejecutivo foral. 27 a 23 (UPN+PP). Parece un ajustado partido de balonmano, pero es la situación actual del Gobierno de Navarra.

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