Una colecta para la sirena libia

Daniah Hagul, gorro de baño en mano, ha logrado convertirse en la única representante femenina libia en los Juegos Olímpicos de Río, y la primera mujer desde la caída de Gadafi. Competirá en la disciplina de 100 metros braza gracias a su talento, más de dos horas de entrenamiento diario, el apoyo de sus padres y a una campaña de «crowdfunding» que le ha permitido llevar la bandera roja, negra y verde hasta Brasil.

Esta «sirena» de 17 años se entrena desde niña en las piscinas de Malta, adonde emigraron sus padres en los años 90. En un país como Libia, de mayoría musulmana, que una mujer lleve bañador puede ser un acto de rebeldía. Sin embargo, desde los cuatro años con los que aprendió a nadar, hasta los 12 con los que empezó a entrenar profesionalmente, Daniah ha recibido el apoyo de sus padres en este «inusual» deporte para las jovencitas libias. Ante su potencial, Daniah ha seguido un intenso programa de entrenamiento en el internado británico Mount Kelly de la mano de Robin Brew, exolímpico, que hoy comparte orgulloso los primeros éxitos de su pupila. Daniah tiene ya en su haber tres oros, recogidos en los Campeonatos Internacionales de Natación de Catar en 2015. Antes, compitió con éxito en Kazán. Libia ha participado en al menos 10 Juegos Olímpicos, pero nunca ha ganado una medalla, excepto un honroso bronce en los Paralímpicos.

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El fútbol, una vía de empoderamiento para las jóvenes en Kenia

Alicia Alamillos

 

Mientras aprenden a regatear, lanzar un penalti o hacer una ‘chilena’, las jóvenes de la Academia de Fútbol en Kibera, el barrio chabolista más grande de Nairobi, se mantienen alejadas de un destino que comparten muchas de sus compatriotas: el embarazo y matrimonio prematuro.
La Academia de Fútbol para Chicas de Kibera (KGSA, en sus siglas en inglés) educa desde 2002 a cerca de cien chicas de estas chabolas y con dificultades económicas, en un intento de favorecer el empoderamiento femenino en Kenia.
El fútbol en Kibera es mucho más que un juego. La KGSA se convierte en una oportunidad para que las jóvenes de 12 a 18 años, que dan clase por la mañana y juegan por la tarde, aprendan la importancia de la disciplina, el diálogo y el trabajo en equipo.

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