La larga espera para poder enterrar a los muertos de Garissa

Las carpas instaladas junto a la morgue de la Universidad de Nairobi acogen a decenas de familiares de las víctimas del peor atentado de Al Shabab en Kenia, y se han convertido en centro de peregrinación para políticos, religiosos y organizaciones sociales. Pero las familias, sentadas, solo esperan a sus muertos.

Todavía quedan al menos 30 cadáveres por identificar de los 142 que se recuperaron en la arrasada universidad de Garissa, donde el pasado jueves entraron varios asaltantes de la milicia yihadista somalí Al Shabab y asesinaron a 148 personas, el segundo peor atentado de la historia de este país.

Muchos llevan allí desde ese mismo día, rodeados por voluntarios de la Cruz Roja, Cáritas, coros de monjas de la archidiócesis de Nairobi, voluntarios de distintos partidos políticos y funcionarios del Gobierno que van y vienen.

Jonh Mika Okodoy, padre de Obeddy, espera a que le devuelvan el cuerpo de su hijo -“el más inteligente de los cuatro”- para poder enterrarlo en su condado, Trans-Nzoia, en el norte del país.

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El coste oculto de la guerra estadounidense contra Al Shabab

Alicia Alamillos y Muktar Abdi / Mogadiscio-Nairobi

Desde los atentados del 11-S, el Gobierno estadounidense ha aumentado los controles de las transferencias monetarias a países donde operan grupos terroristas para evitar su financiación, algo que afecta notablemente a las economías domésticas de naciones como Somalia.

En febrero, el banco Merchants -que computa cerca del 80 % del volumen de remesas de EEUU a Somalia- cerró todas las cuentas de transferencia a ese país porque su negocio era «demasiado complejo» para plegarse a las regulaciones de seguridad y detectar «potenciales violaciones de la ley».

El miedo a fuertes sanciones ha fomentado que, una tras otra, todas las entidades financieras estadounidenses cerraran el flujo de remesas a Somalia, donde opera la milicia yihadista Al Shabab, brazo armado de Al Qaida en el cuerno de África y responsable de la muerte de miles de personas.

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“Todo vale” contra el terrorismo

“Todo vale” contra el terrorismo en países como Nigeria y Kenia. Violencia contra violencia, el Estado responde a los atentados con arrestos indiscriminados e ilegales, ejecuciones extrajudiciales o incluso torturas, dejando a un lado los derechos humanos.

“Estamos viendo una tendencia a que ‘todo vale’ en nombre del antiterrorismo”, advirtió esta semana la directora para África de Human Rights Watch (HRW), Leslie Lefkow.

Kenia, Nigeria, Sudán y Sudán del Sur, Etiopía y Somalia son los países donde más abusos se cometen en nombre de la lucha contra el terrorismo en África subsahariana, según el informe anual de esta organización.

“La violencia contra la violencia no es efectiva” y sólo “genera frustración en la comunidad que está siendo acosada y perseguida”, remarcó Lefkow.

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