Un joven desaparece en El Cairo

Un joven italiano desaparece en El Cairo el 25 de enero, en el aniversario de la revolución. Esos días, la policía efectúa más de 5.000 redadas en pisos de jóvenes “sospechosos” de volver a salir a las calles. Detenciones aleatorias, acusaciones. Una madre egipcia recibe una llamada de la comisaría, que venga a recoger el cuerpo de su hijo, que “desapareció” y ahora aparece, pero con un tiro. Cientos de desapariciones forzosas, supuestamente tras ser detenidos por la policía, y la autoridad “competente” admite apenas 101 denuncias. Dice que “a ver, que son 90 millones de egipcios, ‘es normal’ que algunos desaparezcan”. La gente sigue desapareciendo. Nadie sabe nada del chico italiano. Como es italiano, al menos tiene nombre en los medios: Giulio Regeni. ‪#‎whereisgiulio‬? Anoche apareció su cuerpo, con signos de tortura. Egipto “no sabe, no contesta”. ¡Un accidente de tráfico!, dicen incluso algunos, sin avergonzarse. Y a mi, oyéndolos, me invade la rabia y la incredulidad. Porque hay total impunidad. Porque pueden hacer lo que quieran, arrestar por equivocación, que se le vaya la mano y que luego un chico aparezca en una calle cualquiera. O peor aún, arrestar a “un espía” y matarlo tras arrancarle las uñas. ¿Qué creías que iba a decir? Y nadie hará nada. Ese es el régimen que apoyan internacionalmente “para mantener la seguridad”.

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Agua

-¿De qué color es el agua?

La joven profesora observó a la clase que, como venía siendo costumbre, la miraba con ojos hambrientos. Sentaditos en las esterillas sobre el suelo apisonado, con un pequeño cuaderno pulcramente señalado con el nombre de cada uno y las manitas cruzadas sobre las rodillas. Allá lejos, en su país (le parecían miles de kilómetros) Cristina no era profesora, por lo que no tenía referencias, pero le costaba imaginar que los niños de su país fueran tan cuidadosos con el material escolar. Ni una esquina doblada, ni una hoja arrancada, ni siquiera para hacer un avión de papel. Se pasó la mano por la nuca, levantándose la coleta, en un vano intento de refrescarse. No corría brisa, las escuálidas hojas de los ficus permanecían inmóviles.

-El agua es negra, profesora.
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“Tengo miedo”

Una mujer, una madre saharaui, en Territorio Ocupado
De lo que podría pensar, un día cualquiera,
una mujer saharaui cualquiera, en Territorio ocupado.
Tengo miedo.
Mi hijo quiere entrar en el ejército de liberación, me dice que por qué no lucho, que si me he pasado al otro bando, que si el miedo me ha comido las entrañas y robado el seso. Bueno, apenas lo dice, pero sus ojos rebeldes me lo gritan. Él quiere luchar, quiere la libertad, “morir en la arena”, si es necesario.

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