¿Que por qué me gusta El Cairo? (1)

Durante mis primeros días en Egipto, cada vez que conocía a algún local me hacían la misma pregunta: “¿Te gusta El Cairo?”
No podía yo más que responder un rotundo “Sí”; y sinceramente.
“¿Por qué?”, preguntaban ellos siempre, sorprendidos de que a alguien extranjero pudiera gustarles su ciudad, caótica, llena de contaminación y ruidos.
Pero sí. Pese al ruido, los coches, los atascos, las calles desordenadas y sucias… Me encanta El Cairo, y todos los días encuentro un por qué.

Esta noche: “¿Por qué te gusta El Cairo?”, mientras doy una vuelta en moto por las calles de Zamalek observando los edificios (“¿ves ese hotel? Antes era un palacio para una de las esposas del último rey de Egipto, Faruk”) y con el viento en el pelo. Luego, un par de cervezas rubias y frías en una azotea con vistas al Nilo. Un Nilo en calma.
Y pienso: “pues por esto”.

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Lluvia en Egipto

Llueve en Egipto. Son cuatro gotas y media en El Cairo, pero los egipcios y las redes sólo tienen una palabra en la boca: “Lluvia”.
En la Universidad del Cairo los alumnos dejan de prestar atención al profesor y se acercan a las ventanas para ver el “extraño fenómeno” de la lluvia. Algún profesor, ya dando la batalla por perdida, deja que salgan de la clase unos minutos antes para disfrutarla. #Lluvia se convierte en trending topic en el país y el tráfico de la ciudad, ya de por sí caótico, se vuelve imposible. Charcos en las calles y pequeños lagos en las esquinas en un país sin apenas alcantarillas.

Sin embargo, mientras los cairotas sobrellevan con sorpresa y resignación estos días, en Alejandría las lluvias han provocado el derrumbe de varios edificios y al menos cinco muertos al caer un tendido eléctrico sobre el agua. El agua inunda los bajos y forma enormes piscinas en las calles. El embate de las olas debilita los cimientos de los edificios frente al mar, que legalmente no pueden tener más de tres plantas pero que algunos alcanzan hasta las veinte. La ciudad costera ha colapsado, y el gobernador ha tenido que dimitir, cercado por las lluvias y las protestas. La ciudad no estaba preparada.

Rafael Moneo: sus “cimientos” de papel y lápiz en una exposición gallega

  • La exposición recoge materiales de archivo de entre 1961-2013
  • Mostrará al público casi un centenar de dibujos originales

Alicia Alamillos.-

La obra del arquitecto navarro Rafael Moneo siempre ha estado al alcance de los ojos curiosos, ya en San Sebastián, ya en Mérida o en Madrid. Sin embargo, a partir del 24 de octubre y hasta el 30 de marzo de 2014 estará también en La Coruña, yendo esta vez mucho más allá que el imponente resultado arquitectónico. En “Rafael Moneo. Una Reflexión Teórica desde la Profesión. Materiales de archivo 1961-2013”, la Fundación Barrié expone los pasos previos a la construcción, la idea o la génesis de esos edificios. La muestra abierta al público se compone de  dieciocho maquetas alusivas a cuarenta y seis proyectos, 142 fotografías y casi un centenar de dibujos originales.

Así, los visitantes de La Coruña podrán acercarse a los bocetos previos a la creación de uno de los arquitectos españoles más reconocidos internacionalmente.

Dibujo sobre papel de la Fundació Pilar i Joan Miró de Palma de Mallorca, 1987-1992 (Foto: Cortesía Fundación Barrié)

Dibujo sobre papel de la Fundació Pilar i Joan Miró de Palma de Mallorca, 1987-1992 (Foto: Cortesía Fundación Barrié)

Maqueta en madera de Kursaal. Auditorio y Centro de Congresos, 1990-1999. (Foto: Cortesía de la Fundación Barrié)

Maqueta en madera de Kursaal. Auditorio y Centro de Congresos, 1990-1999. (Foto: Cortesía de la Fundación Barrié)

Rafael Moneo, nacido en 1937, ha sido un prolífico arquitecto con más de cincuenta obras señaladas en su haber, además de premios a su trabajo tanto nacionales como internacionales, como el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2012, Medalla de Oro de la Arquitectura (CSCAE) en 2006, Medalla de Oro del Royal Institute of British Architects (RIBA) en 2003, Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe en 2001, la Medalla de Oro de la Unión Internacional de Arquitectos en 1996 o el Premio Schock, otorgado por un comité de la Real Academia Sueca de Artes Visuales en 1996.

Entre las obras de Rafael Moneo se puede contar con el Museo de Mérida, el Palacio de Congresos y Auditorio Kursaal, la ampliación de la estación Atocha, la Iglesia de Iesu en San Sebastián, la ampliación del Museo del Prado o La Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles, entre otros.