Un padrenuestro y plegarias a Alá para salvar el turismo en el Sinaí

Santa Catalina en el Sinaí, antes lugar de peregrinación de cristianos, musulmanes y judíos, es ahora un pueblo casi fantasma, mientras el Gobierno egipcio intenta a la desesperada potenciar el turismo religioso

Alicia Alamillos /  Santa Catalina (Sinaí)

Santa Catalina, un enclave en pleno desierto del Sinaí (Egipto), se asemeja a una ciudad abandonada en un escenario postapocalíptico: restaurantes vacíos, fuentes secas llenas de polvo y piedras, tiendas con carteles desteñidos por el sol. Los pocos beduinos que, contra todo pronóstico, mantienen abiertos sus negocios han sido testigos de un pasado mejor, en el que toda una economía se generó en torno al Monasterio de Santa Catalina, lugar de peregrinación del turismo religioso para cristianos, musulmanes o incluso judíos.

El monasterio de Santa Catalina, construido hacia el año 550 d. C. y dependiente de la Iglesia ortodoxa griega, es uno de los más antiguos monasterios todavía habitados. «Es un ejemplo de lugar sagrado para las tres religiones», afirma a este periódico Mahmoud El Gebaly, guía gubernamental en el monasterio. La tradición sagrada del área fue un poderoso atractivo para los peregrinos ya desde las primeras eras del cristianismo. Tras la construcción de carreteras en la década de los 50, aumentó el número de los que visitaban el monasterio incluso en taxi desde las ciudades más cercanas. A finales del siglo XX, Egipto llegó a recibir «cientos» de peregrinos diariamente -según explican los monjes, pues no hay cifras oficiales- con destino al Monte Sinaí y su monasterio. Allí, según la tradición bíblica y coránica, Dios se presentó a Moisés en forma de zarza ardiente y donde más tarde le habría entregado las tablas de la Ley.

Alrededor de Santa Catalina se generó toda una industria que alimentó a los beduinos de esta zona del Sinaí durante décadas. Desde las decenas de autobuses diarios que partían de las turísticas Sharm El Sheij o Nuweiba antes de 2013, compañías de escalada -guía local incluido- al Monte Sinaí y paseos en camello por la misma ruta que supuestamente pisó Moisés, hasta un buen puñado de cafés, restaurantes y tiendas de souvenirs. Hoy apenas queda un rastro fantasmal de lo que fue.

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Egipto pone coto legal a la construcción de iglesias

Tras más de 150 años sin una regulación oficial sobre la construcción de templos cristianos en Egipto, el Parlamento del país norteafricano aprobó esta semana la nueva ley de construcción de iglesias, que aunque ha sido bienvenida por algunos sectores de las Iglesias Ortodoxas, Católica y Anglicana; activistas coptos, diputados y expertos legales señalan que sólo «convierte en Ley las mismas restricciones a las que antes se enfrentaba la construcción de iglesias».

«No cambia nada. Antes no teníamos marco legal, eran las costumbres las que lastraban e impedían la construcción de templos, y ahora se han convertido legales», añade a ABC Mina Thabet, de la Comisión Egipcia por los Derechos y las Libertades. Aunque de mayoría musulmana, Egipto acoge a cerca de un 12% de población de credo cristiano, que durante generaciones han visto limitado su derecho a construir templos de culto: por miedo a afrontar incidentes de violencia sectaria incitados por los más recalcitrantes salafistas, las autoridades locales niegan permisos o aleganmotivos de «seguridad nacional», por lo que algunas congregaciones acaban levantando edificios ilegalmente o celebrando rituales en casas particulares. El pasado julio, cerca de 25 cristianos de una misma familia tuvieron que abandonar sus hogares en Kom Al-Lofy (sur) cuando fueron amenazados por una turba colérica bajo la sospecha de que pretendían construir un lugar de culto en una casa residencial.

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Rusos y egipcios llenan de flores su embajada en El Cairo

Mientras que ayer las puertas de la embajada rusa en El Cairo permanecieron cerradas y solo se atisbaba la agitación que bullía en su interior por la presencia de seis o siete coches diplomáticos en la entrada, hoy se ha llenado de flores conmemorando el accidente de avión en el que han muerto 224 personas, la mayoría de ellos, turistas rusos, sobre el Sinaí egipcio.

Diplomáticos como el primer ministro egipcio, Sherif Ismail el mismo sábado, o los embajadores de Alemania, Afganistán, Vietnam, Hungría, Bielorrusia o Armenia esta mañana, entre otros, se han acercado a la embajada rusa para expresar sus condolencias. En la calle, un flujo constante de nacionales rusos, especialmente mujeres, ha ido dejando flores y mensajes junto al muro exterior, conmemorando a las víctimas del vuelo 7K92268. Las rusas destacan, con sus ojos claros, pelo rubio e inconfundibles rasgos, entre los locales que también se han acercado a depositar ramos de flores. La relación entre Egipto y Rusia ha sido, en las últimas generaciones, muy cercana, y los rusos representan el mayor número de turistas en el país de los faraones, pero también representan una de las mayores comunidades de expatriados.

Algunas rusas se abrazan. Otras lloran en silencio. Muchas llevan gafas de sol que ocultan sus ojos. Ha sido un duro golpe. «Yo me levanté ayer y, como cada día, miré el grupo de rusos que tenemos en Facebook. Allí me enteré. Luego estuve todo el día mirando la tele, con la esperanza de saber más, de saber si había supervivientes… al final no los hubo», relata a ABC Jenya Zaki, una siberiana que se ha acercado a la embajada cairota desde Heliópolis, a más de una hora en coche. Viene con su hijo, que con apenas un año no comprende nada e intenta alcanzar los peluches que alguien ha dejado como memorial a las víctimas. De los 217 pasajeros, más de diez eran niños. La mayoría de los que han muerto eran familias rusas que viajaban para pasar sus vacaciones en el Mar Rojo, típico destino turístico.

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Hartazgo electoral en Egipto

Escasísima participación en las elecciones para conformar el Parlamento sin la Hermandad de Hermanos Musulmanes ni activistas

Especial descontento entre los jóvenes. La media de edad de los votantes, por encima de 50 años

En las calles del Cairo se empiezan ya a retirar los carteles y pancartas que desde el comienzo de la descafeinada campaña electoral han anunciado los numerosos partidos y candidatos que concurren. Más de 2.500 para 596 asientos en la Cámara de Representantes.

Cada aspirante, entre los que se encuentran partidarios de Al Sisi o caciques locales, cuenta con un símbolo que lo represente, y que van desde un león hasta un ojo de pupila azul, pasando por unos alicates, un halcón, una brújula -“para guiar a Egipto”- o los conocidos “caballos de Mubarak”, un recuerdo del viejo régimen, supuestamente acabado tras las multitudinarias protestas en Tahrir.

Es la tercera cita de los egipcios con las urnas en menos de dos años, y esta vez votan para elegir su Asamblea Legislativa, disuelta por orden judicial en 2012, un año antes del golpe de Estado que depuso a Mohamed Morsi y colocó al exgeneral Abdelfattah Sisi en el poder.

A las 9:00 de la mañana del domingo 18 de octubre abrieron los colegios electorales en catorce provincias egipcias, entre ellas las de Giza (parte del área metropolitano del Cairo) y Alejandría y las sureñas Luxor y Asuán. Pero el proceso continuará, en otras provincias y con segundas vueltas, hasta principios de diciembre. El Gobierno de Sisi ha desplegado más de 300.000 vigilantes, entre policías y militares, para proteger a los votantes. Sin embargo, en las primeras horas del domingo, los cairotas trabajaron como de costumbre, y muy pocos ostentaron una marca rosada de tinta en el dedo, señal de que habían votado.

“Tenía mejores cosas que hacer”, admite Rehab, de 32 años, quien no pretendía ir a votar. “Pero mi madre insistió, y al final fuimos juntas” cuenta la funcionaria, que aprovechó las horas libres que el Gobierno decretó el lunes para espolear la participación, dado que el domingo fue tan baja que ni siquiera los periódicos más leales al régimen la han podido maquillar como triunfo.

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“La otra Somalia” en Instagram

“¿Qué sabes de Somalia?”. Una rápida búsqueda en internet muestra un país en guerra, de destrucción, atentados y violencia y, sin embargo, Somalia también cuenta con playas de arena blanca, una capital que intenta resurgir de entre las ruinas y, sobre todo, ciudadanos que creen en su país.

Desde Mogadiscio o desde la diáspora, jóvenes somalíes tratan de cambiar esa percepción internacional a través de redes sociales como Instagram, Tumblr o Twitter con las armas que tienen: difundiendo el #TheSomaliayouneverheardabout (la Somalia de la que nunca has oído hablar), una etiqueta que se ha hecho viral en los últimos meses.

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Un lugar llamado “hogar” para los huérfanos del sida en Kenia

Un lugar donde refugiarse, donde todos saben quién eres y qué necesitas: medicinas, comida y una familia. Eso es lo que el orfanato Nyumbani intenta ofrecer a más de cien huérfanos seropositivos, desde entre dos y veinticinco años.

En 1982, el padre Angelo d’Agostino fundó la que sería la primera “casa” (en suajili, “nyumbani” significa hogar) para tres niños huérfanos, abandonados y enfermos del sida. Ahora ya son 129 niños.

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La larga espera para poder enterrar a los muertos de Garissa

Las carpas instaladas junto a la morgue de la Universidad de Nairobi acogen a decenas de familiares de las víctimas del peor atentado de Al Shabab en Kenia, y se han convertido en centro de peregrinación para políticos, religiosos y organizaciones sociales. Pero las familias, sentadas, solo esperan a sus muertos.

Todavía quedan al menos 30 cadáveres por identificar de los 142 que se recuperaron en la arrasada universidad de Garissa, donde el pasado jueves entraron varios asaltantes de la milicia yihadista somalí Al Shabab y asesinaron a 148 personas, el segundo peor atentado de la historia de este país.

Muchos llevan allí desde ese mismo día, rodeados por voluntarios de la Cruz Roja, Cáritas, coros de monjas de la archidiócesis de Nairobi, voluntarios de distintos partidos políticos y funcionarios del Gobierno que van y vienen.

Jonh Mika Okodoy, padre de Obeddy, espera a que le devuelvan el cuerpo de su hijo -“el más inteligente de los cuatro”- para poder enterrarlo en su condado, Trans-Nzoia, en el norte del país.

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