Alicia Alamillos / El Cairo

Cientos de expediciones se dirigen cada año a la tierra de los faraones, a horadar calladamente un desierto egipcio cargado de secretos. Sobre la arena es difícil encontrar vida, pero bajo ella se esconden los restos de una cultura milenaria y su culto a la vida más allá de la muerte. Investigan en silencio, unas tras tesoros como la tumba de Cleopatra y otras simplemente buscando nuevos elementos para entender una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Sin embargo, ninguna atrae tanto la atención internacional como la del egiptólogo británico Nicholas Reeves, que ha anunciado a bombo y platillo su objetivo: la tumba de la hermosa reina Nefertiti.

Espectadores de todo el mundo siguen con fruición los avances del que podría ser el descubrimiento arqueológico de este siglo, según el propio Reeves: “Si la encontramos, será incluso mayor que Tutanamón. Probablemente, es el mayor descubrimiento arqueológico jamás hecho”.

El Ministerio de Antigüedades egipcio también se muestra esperanzado. Según ha señalado el ministro Mamdouh El Damaty, hay un “90 por ciento de posibilidades” de que tras las paredes norte y oeste del sepulcro del faraón niño haya un par de cámaras desconocidas hasta ahora, y por tanto intactas. “Esperamos poder comunicar pronto un increíble descubrimiento”, ha afirmado el Ministerio.

Esta es sólo la última de las esperanzadoras píldoras informativas que Egipto y el propio Reeves han ido entregando a la prensa y a la opinión pública, convirtiendo esta investigación arqueológica en una suerte de show capítulo a capítulo que prepara el terreno antes de la esperada gran final. “La tumba no entrega sus secretos fácilmente. Pero lo estamos consiguiendo, poco a poco”, ha declarado Reeves. Los porcentajes han ido creciendo semana a semana –“Estamos seguros al 60%”, “cada vez más cerca”, “al 75%”…- hasta alcanzar la cúspide.

“Queremos que el público piense con nosotros, sienta con nosotros cada paso. Queremos que imaginen, que tengan expectación”, declaró al respecto el ministro El Damaty en una entrevista con ABC, sin reparos de admitir que han buscado darle “mucho márketing” a la búsqueda de Nefertiti.

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En Luxor, el experto en georradar Hirokatsu Watanabe hace sus cálculos. Pasa la máquina –un modelo japonés modificado para no escanear el suelo, sino horizontalmente- junto a las paredes de la tumba, muestra unos datos en la pantalla, unas líneas rojas, verdes, azules. No es la primera vez que Reeves se apoya en el experto japonés. En el año 2000, durante sus investigaciones en el Valle de los Reyes, el radar de Watanabe detectó ciertas irregularidades junto a la tumba de Tutankamón, lo que si bien no llevó al descubrimiento de una nueva tumba, facilitó al equipo del investigador Otto Schaden el hallazgo de la KV63, llena de material funerario para la momificación. De vuelta a Occidente tras habérsele denegado el permiso para continuar sus trabajos sobre el terreno, Reeves recalibró los datos del radar y ya en 2006 anunció públicamente a la prensa que estaba tras la pista de una nueva estancia tras las paredes de la tumba del faraón niño. La publicidad con la que hizo el anuncio le fue reprochada “por no haber seguido los canales oficiales”, a lo que Reeves contestó: “Es sólo cuestión de tiempo que empiece una cacería (…). Mi miedo principal es el impacto que esta cacería pueda tener en el yacimiento: No quiero verlo dañado en una búsqueda aleatoria y sin sentido. La divulgación pública logrará precisamente eso; señalar el camino y reducir la cantidad de daños colaterales”. Además, se aseguró que ningún otro equipo se le adelantara.

Sin embargo, la búsqueda no pudo continuar entonces y Egipto pasó por una de sus más tumultuosas épocas tras la Revolución del 25 de enero de 2010, el ascenso político de los Hermanos Musulmanes y su posterior caída tras el golpe de Estado militar contra Mohamed Morsi, que puso al exgeneral Al Sisi, -actual presidente-, en el poder. Con las aguas políticas más calmadas, en 2014 Reeves publicó una investigación académica en las que recuperaba la búsqueda de Nefertiti, basándose en unas fotografías en 3D y en gran definición recopiladas por la publicación española Factum-Arte, que escaneó la tumba para recoger al milímetro los distintos relieves de las paredes, por debajo de la pintura que las adorna.

Así, en agosto de este año logró la aprobación del Ministerio de Antigüedades para trabajar en el interior de la tumba. A partir de ahí, los análisis se han ido sucediendo: primero físicos, para comprobar los materiales que cubren las paredes norte y oeste de la cámara, de un material distinto al resto, lo que sugiere que se colocaron para cubrir una posible entrada a otra cámara, además de unas sospechosas líneas perfectamente horizontales, a 90 grados del suelo, sólo en esas paredes. Luego geotérmicos, a principios de noviembre, que revelaron “una destacada diferencia entre las temperaturas de diferentes partes del muro norte”. “Hasta ahora, ningún resultado contradice nuestras teorías”, afirmó Reeves entonces, alentando las esperanzas a cada paso que da.

Sin embargo, la publicidad con la que Reeves airea estos resultados levanta recelos entre la comunidad arqueológica. “Hay que ser más cautos, Reeves se está saltando tres o cuatro peldaños”, explica a ABC José Manuel Galán, egiptólogo del CSIC y con dilatada experiencia en diversas excavaciones en el país. Según este experto, el proceder científico dicta no adelantar los acontecimientos, y las prisas de Reeves están “haciendo un flaco favor” a la egiptología científica. Añade que, contrariamente a como se hacía en la época de Howard Carter –quien descubrió la tumba de Tutankamón-, “ya no se puede ir buscando a nadie”. “Ha convertido esta búsqueda en una historia mediática”, concluye, aunque admite que, sea o no sea Nefertiti lo que haya tras las paredes de la tumba, “será un gran descubrimiento que, si está intacto, ofrecerá muchísima información”.

Reeves añade a sus sospechas la forma de la tumba, donde la cámara mortuoria donde descansa Tutankamón está orientada hacia la derecha, una costumbre reservada a las reinas. Además, la repentina muerte del faraón niño, cuando sólo tenía unos 19 años, forzó a que “se reciclaran” materiales y quizá la propia tumba, en principio destinada a otra persona. Reeves apunta a la propia Nefertiti, su madrastra, mientras que los egiptólogos locales señalan a Ayi, regente del Rey Niño, como explica a ABC el director del Museo de Antigüedades de Asuán y exdirector del departamento de momificación del Museo de Luxor, Ahmed Saleh. “Aunque los resultados del rádar son positivos, está por ver si el ‘descubrimiento’ merece que se hagan agujeros en las paredes de la cámara mortuoria, o si tenemos que ir a través de la montaña”, añade. La misma pregunta que se hace el exministro de Antigüedades Zahi Hawass, quien señala que “el radar dice que hay algo. Puede ser una habitación vacía, o tan sólo una grieta en la montaña… Pero es algo que jamás se logrará probar, sea lo que sea, porque para hacerlo habría que destruir las paredes de la tumba de Tutankamón, y eso no se puede hacer. Así que Reeves ha vendido aire a Egipto, y ha sido lo bastante inteligente como para decir que se trata de Nefertiti, porque ella es famosa”, critica en una entrevista con ABC.

Desde el Ministerio, y pese a sus recelos de que realmente se trate de la tumba de Nefertiti, han alentado la búsqueda de Reeves con la intención de revitalizar el turismo, del que dependen miles de trabajos en el país. “Necesitábamos algo como esto”, afirmó en rueda de prensa El Damaty, y no le falta razón: la industria turística egipcia languidece, especialmente tras el atentado que provocó la caída del Airbus-321 ruso sobre el desierto del Sinaí, y la posterior cancelación te todos los vuelos desde Rusia al país de los faraones. Y aunque Hawass y otros egiptólogos locales se congratulan con la posible vuelta del turismo al país tras la publicidad del posible descubrimiento de Nefertiti, advierten: “Este es un tipo de publicidad que no dura, no sirve a Egipto porque pronto se borrará de los recuerdos de la gente”.

 

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