Convoque elecciones, señora Barcina

Yolanda Barcina está en el momento perfecto para convocar elecciones. Las estrellas se han alineado, los signos proféticos se están cumpliendo, el reloj avanza. ¿Qué más señales quiere? Barcina se encarama al poder como un gato que clava las uñas en el sillón de la abuela. Debería convocar elecciones.

Gracias a un veto desde Ferraz, que cayó como jarro de agua fría sobre los militantes socialistas, y como helada sobre el resto de la oposición, que esperaban esa moción de censura apoyada por el PSN, Barcina ha salido airosa del trance de las supuestas injerencias en la Hacienda Foral.

Yolanda Barcina encabeza un partido político por el que votan 111.474 ciudadanos navarros. Un 34,5 de los votantes, y 19 escaños en un Parlamento de 50 sillas. Es decir, si se obvia al PP, que suele coincidir más con UPN que con el resto de la oposición, hay 27 votos en contra de todo lo que propone el Ejecutivo foral. 27 a 23 (UPN+PP). Parece un ajustado partido de balonmano, pero es la situación actual del Gobierno de Navarra.

No se puede gobernar así, no ahora. Sí se puede hacer en minoría, y se ha hecho durante años, pero no en guerra abierta con el único sector de la oposición con el que podrían lograrse acuerdos, el PSN. Desde que Yolanda Barcina expulsó a Roberto Jiménez del Gobierno, la presidenta está sola ante el peligro. Mayo es un buen momento. Los socialistas rozan su punto más bajo, con las esperanzas de los militantes traicionadas tras el ejercicio de prepotencia de Jiménez (“el PSN soy yo”).

Navarra ni puede continuar así, ni se lo merece. Una Navarra de presupuestos prorrogados y de leyes, una tras otra, recurridas en el Constitucional. Debe convocar elecciones.

Es cierto que no se puede predecir el resultado de unos comicios, y esa es una inseguridad a la que Barcina tiene que hacer frente. Navarra no tiene nada que ver con los años de gloria del feudo socialista en Andalucía, donde los votos no sorprendían. Puede que el crimen político de UPN haya sido demasiado grande, y la sociedad termine decantándose por radicalismos. En este escenario hipotético, Barcina teme un aumento de poder de Bildu y sus consignas nacionalistas. Sin embargo, aunque aumente uno o dos escaños, quizá tres, todavía no supera en los sondeos a los regionalistas de UPN, por lo que los de Maiorga Ramírez tampoco conseguirían una mayoría. Además, los propios votantes más afines al partido de Barcina percibirían ese “peligro”, por lo que se espera un aumento de concienciación en el voto, en una especie de defensa ante ese enemigo político.

Atendiendo al histórico que Barcina bien conoce y repite constantemente, es más que probable que al escrutar los votos de los comicios anticipados se dé como resultado otro Gobierno en minoría. Pero, con una importante diferencia al predecible gobierno (también en minoría) que resultaría de unos comicios en mayo de 2015, tras catorce meses más de ingobernabilidad foral: Barcina habría dado la voz al pueblo.

Los ciudadanos quieren participar. ¿Están hastiados de la política? Cierto. ¿No se sienten plenamente representados por ningún político? Seguramente. Pero lo que no les gusta y aumentará su resentimiento es sentir que una formación política les está negando ese derecho a elegir sus representantes. A la oposición foral se le llena la boca con la palabra “ciudadanía”, y esta ciudadanía está cada vez más cansada. Si Barcina continuara con esta gestión, con una dinámica que pasa por presentar una ley que es rechazada por el Parlamento, o por leyes aprobadas que son recurridas por el Tribunal Constitucional, la comunidad foral permanecerá en un “limbo” en el que ni avanza ni retrocede, y se mantiene con presupuestos de hace dos años.

Con su actuar, Barcina parece que se “venda los ojos” (dice Maiorga Ramírez) ante la situación que atraviesa la comunidad. Y eso es peligroso, pues el electorado, los votantes, la ciudadanía, pueden sentir que su presidenta vive en una realidad paralela en la que sólo importa aguantar, aguantar y aguantar hasta la extenuación, sacrificando para ello el bien de Navarra.

Su propio mentor, Miguel Sanz, apuesta también por unos comicios adelantados. Borrón y cuenta nueva, con los votos escrutados, y de nuevo, en un ejercicio propio de la política, UPN y PSN se sentarán juntos a repartir el poder. Será difícil la negociación, pero es poner el contador a cero. Barcina está desgastada, y 14 meses más con la misma dinámica terminaría de chamuscar definitivamente su imagen política. Disolución del Parlamento, elecciones y volver a empezar.

Barcina dice que unas elecciones “no arreglarían nada”. Es cierto. Unas elecciones no generarían mágicamente una mayoría absoluta en una tierra en la que hay una generosa variedad de ideas políticas. Sin embargo, en un ejercicio de poder, Barcina sería quien ha sentado las bases. Ella disuelve el Parlamento, ella convoca elecciones. No han logrado echarla, como decía el temerario Jiménez, sino que es ella quien, consciente de sus responsabilidades como representante del pueblo, elije adelantar unas elecciones. Así Barcina atajaría esa crisis de ingobernabilidad, esquivaría las primarias en su partido y se erigiría como una poderosa política que “no teme la voz del pueblo” porque sabe que le darán la razón.

Barcina debería convocar elecciones. Quizá no las gane holgadamente, pero lo hará mejor que si espera 14 meses más, con un electorado tan hastiado que hasta olvidaría la debilidad del PSOE regional e incluso acabaría votándolo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s