Culturas con una alta percepción por el contexto, culturas con menos

Como muchos otros estudiantes inmersos en el Plan Blolonia, en diciembre tengo mi “semana” (curiosamente, esta semana tiene 14 días) de exámenes, así que gran parte de mi tiempo, obviamente, he de dedicarlo a estudiar.
Repasando los apuntes de International Relations encontré esta resumidísima teoría que por supuesto toca aprender:

The Context theory of Edward T. Hall

Cultures differ in the extent to which they use context and situation for the interpretation of a message.

In high-context cultures, most of the meaning of a message is deduced from the context in which the words occur, for example non-verbal communication, setting of the communication

In low-context cultures, the meaning of a message is primarily deduced from the words uttered.

Al leerla, he pensado en el trabajo periodístico cuando incluye recoger declaraciones, y lo complicado que debe ser dar en el día a día una respuesta a las culturas de alta contextualización. Trabajar teniendo en cuenta esta máxima obligaría al periodista a reconstruir con palabras los gestos, la expresión facial, el tono de voz del político o entrevistado de turno, para que así el lector pudiera entender de mejor manera la situación.

En principio, esa máxima de dar la mayor información posible de la comunicación no verbal sería perfecta, sino fuera por el tema de la subjetividad y la percepción.

Lo que un periodista entiende como “un gesto de desdén hacia el entrevistador y la pregunta en general”, otro puede ver “un gesto que resta importancia y tranquiliza las dudas”. Los gestos y tonos de voces no siempre significan lo mismo para las personas, incluso dentro de una misma cultura. Por tanto, en cuanto el periodista (y más en una agencia de noticias, en la que la opinión está completamente fuera de lugar para la becaria en prácticas) tratara de introducir una valoración tipo dijo el político x, aunque queriendo decir, por sus gestos, otra cosa cualquiera, la Inquisición española, y en cierta manera estoy de acuerdo con ello, se lanzaría sobre él y le arrebataría el teclado de las manos.

Siempre y cuando no esté escribiendo para una columna de opinión o editorial, claro está. Ahí hay patente de corso, como diría un malhumorado Pérez Reverte.

Es por eso que creo, aunque al leer la teoría de el señor Hall pocos querrían estar en la segunda acepción, que en España, en cuanto a la recogida de declaraciones de los políticos, nos hemos convertido (o tal vez ya lo éramos) en una cultura de low-context, en la que el intríngulis de la compresión está en las palabras concretas que el político o entrevistado haya dicho, y no tanto en lo que rodeó a esa declaración.

¿Es malo? ¿O es el mal menor?

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